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16 Jun 2012

Un mes viviendo en la calle


Una anciana y sus tres hijas llevan casi un mes viviendo en la calle. Servicios Sociales, que les dio alojamiento durante 25 días, sigue estudiando su caso






Bajo los árboles del bulevar de Cea Bermúdez, en pleno barrio de Chamberí -uno de los más ricos de la ciudad-, vive una familia desahuciada desde hace casi un mes. Aurora, de 49 años, da de comer a su madre Carmen, una anciana de 77 años encorvada y enferma del corazón. Sus otras dos hijas, Rosa (45) y Antonia (44) que es medio ciega, esperan resignadas a la sombra. Los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid les acogieron en centros sociales, pero a los 25 días les dieron de baja y desde entonces viven en la calle. .

La familia vivía en una portería en la calle O´Donnell, pero al fallecer el marido de Carmen, que era el encargado, tuvieron que vender el piso y alquilar otro más asequible en la calle Pablo Iglesias. Cuando llegó la crisis, Aurora y Carmen perdieron sus trabajos y tuvieron que dejar de pagar. El casero les denunció y fueron desalojadas. Desde entonces están a la espera de que se les conceda un alquiler social, una solución que no llega.

“Solo pedimos un piso que podamos pagar, unos 400 euros mensuales” se queja Carmen. Sus ingresos –la pensión de viudedad de 600 euros de Carmen y la de invalidez de 320 euros que cobra Antonia por su ceguera- ni llegan a los 1000 euros. No les llega para pagar el aval y el depósito que piden los alquileres de la capital.

El Ayuntamiento de Madrid se puso en contacto con la familia para ayudarles a conseguir un piso, pero los trámites son lentos. “Tenemos que entregar muchos papeles, el informe de la policía etc. Y con todo eso, el Instituto de la Vivienda de Madrid (IVIMA) determina si tenemos derecho a una vivienda de protección social o no”, explica Aurora. Pero el IVIMA, que es el mayor promotor público de viviendas de España, no parece tener mucha prisa para sacar a esta familia de la calle. “Nos han dicho que, en principio, nuestro expediente está bastante bien, pero no sabemos cuánto tardarán”.

Mientras el Ayuntamiento estudia su caso, la familia lleva casi un mes ocupando el bulevar. Duermen en un soportal cercano y se lavan en los baños públicos de Alvarado (50 céntimos por persona). Los vecinos les traen comida y les apoyan. “Por ahora no nos ha pasado nada malo, pero pasamos mucho miedo por las noches”, comenta Carmen. Hasta que el Ayuntamiento no les facilite un alquiler asequible, la familia seguirá en la calle.





30 Dec 2011

LA DEUDA. UN RELATO DE NO FICCIÓN.

-Buenos días. Pregunto por Don Mario Quispe Huyu... disculpe, Huy-hua.
-Si señor, soy yo.
-¿Es usted Don Mario Quispe Huyhua?
-El mismo para servirle. ¿Qué desea?
-Encantado de saludarle. Mi nombre es Abel Medina y le llamo de REINGRESA S.A. asesoría jurídica externa del Banco Cantabria. Se nos ha encargado la recuperación por vía judicial de la deuda impagada que usted mantiene con nuestro banco.

Al otro lado del teléfono el silencio reinaba y se oía casi imperceptiblemente una respiración cada vez más honda. Rodeando a Abel, en la oficina había tres personas de pié mirándole fijamente, Doña Marta, Don Luis y Don Ángel. Doña Marta tenía unos 39 años, era delgada y menuda, muy elegante pero nada atractiva. Llevaba altos tacones de al menos 10 centímetros que a pesar de espigarla no lograban elevarla más allá del metro cincuenta y cinco. Sus ojos eran oscuros y brillantes y en ese momento miraban tensos y amenazantes. Tenía el ceño y los labios permanentemente fruncidos y arrugados.
Abel quedó unos segundos a la espera de la respuesta de su interlocutor telefónico, pero no oía nada al otro lado de la línea. Marta abrió un poco sus labios fruncidos y Abel pudo ver sus dientes amarillentos apretados con mucha fuerza. Decía, o más bien vocalizaba, vamos, vamos, vamos.

-¿Está usted ahí Don Mario?
-No… Sí, si aquí me encuentro señor.
-¿Conocía usted esta situación Don Mario?
-No… Bueno…
-¿No conocía esta situación?
-Si, algo sabía de que debía un monto, pero no sé bien señor.

Díselo ya, díselo que se entere dijo Marta en un susurro cada vez más elevado, sabiendo que el micrófono auricular de Abel no alcanzaba a su voz, ya que estaba diseñado para captar solamente la voz de quien lo portaba. A su lado Don Ángel entrecerró un poco los ojos y le sonrió con su sonrisa tramposa.


Al lado de Doña Marta estaba Don Luis, un hombre de edad indefinida entre los 50 y los 70 años y de estatura media. Era delgadísimo y su piel estaba muy bronceada, pero de un bronceado más cancerígeno que playero. Tenía profundas ojeras y arrugas por todo su rostro, como si alguien le hubiera tapado los ojos con las dos palmas de las manos y hubiera estirado hacia abajo con fuerza. Su rostro reflejaba un cansancio infinito, el cansancio y la lasitud de los enfermos terminales, pensó Abel. La nariz le sobresalía afilada y pequeña como el pico de un gorrión, tenía un pelo canoso y abundante que le nacía, como a los monos, a dos o tres centímetros de las cejas y que cada mañana se peinaba hacia atrás con gran esmero. Sus ojos eran grises, muy claros e inexpresivos. Eran los ojos de un ciego. Portaba un traje de alpaca azul oscuro con gemelos de plata, un traje elegante que no se "llenaba", un traje vacío, que parecía vestir a un esqueleto abandonado hace años, un esqueleto de lagartija.
Marta alzo un dedo como una garra y señaló la parte subrayada del argumentario, en la cual ponía: Aclaración sobre el saldo total vencido. Abel, intentó leer, lo más neutro posible. Pero era complicado leer de forma natural un texto así.

-Don Mario, nuestro Banco Cantabria, en el ejercicio de sus derechos y conforme se contempla en las cláusulas anteriormente estipuladas su contrato, ha decidido dar por vencido el plazo y exigirle el pago total e inmediato de su préstamo imgadado, habiéndole sido comunicada esta operación mediante burofax.
Las palabras “impagado”, “vencido”, “exigirle” y “pago inmediato” estaban escitas en negrita en el argumentario, indicando que había que pronunciarlas con mayor volumen y acerbo. Es decir con mayor agresividad.

-No le entiendo mi señor.
-Dígame.
-Que no entiendo bien lo que me dice señor. ¿Cuánto debo?
-El total de su deuda asciende a 145.000 euros, sin incluir intereses ni gastos judiciales.
Al otro lado del teléfono se oyó un vahído, una respiración profunda e intermitente, como si el aire parara en varias estaciones.
- Ay mi diosito…
Durante 5 segundos no se oyó nada. Al grano, dijo Don Ángel y casi imperceptiblemente dejó de sonreír. Don Ángel, era el que mejor aspecto tenía y sin duda el de mayor categoría. Tendría unos 50 años y también estaba muy bronceado y muy bien vestido. Era calvo y gordo y en su rostro destacaba una nariz aguileña larga y curvilínea imposibilitando el contacto de los ojos con las lentes que reposaban unos 4 centímetros por debajo de su mirada. Una mirada feliz e irónica reflejada en dos ojos pequeños y brillantes. Una barba negra y espesa tapaba una sonrisa simpática y agradable, bajo la que se escondía una amenaza constante, como queriendo decir, sí, me estoy riendo contigo, pero no te confíes amigo, en cuanto quiera puedo fulminarte. Abel pensó que podría ser un perfecto mercader árabe en una película de gladiadores romanos.

-¿Está usted ahí? Preguntó Abel.
-Yo… Señor yo… yo…
Se oían balbuceos seguidos de silencios. Hazle hablar, dijo Marta, que desembuche lo que sabe.
-Cuénteme Don Mario. Cuénteme.
-Señor… Yo recién había llegado a España y pensaba pagar un alquilercito como siempre. Empecé a trabajar en la obra y no me iba mal, ganaba mi platica. Pero el día en que me abrí la cuenta en el banco ese, unos señores me convencieron de que firmara un montón de papeles, para poder comprar una casa. Cuando leí que se trataba de 150.000 euros les dije que no podía pagarlo. Pero ellos me ofrecieron un monto para poder pagar la casa así de a poquito. Y la pagaba cada mes, a 900 euros al mes. Pero me botaron del trabajo cuando llegó la crisis. Conseguí una nueva chamba pero me pagaban bien poquito y no tenía ni para la escuela de mis hijos.

-Podría haber consultado su problema con su banco en ese momento.
-Si lo hice, señor. Les llamé a los señores del banco para pedirles pagar un poco menos, unos 500 euros al mes, pero no quisieron escucharme y me denunciaron por impago. Además, me dijo la señorita que de todas formas, iban a quitarme la casa. Después de eso me quedé sin chamba y no pude pagar más. Nos botaron de la casa y tuvimos que dormir una semana en la estación de Atocha. Si no es por mi prima que vive acá nos quedamos en la mera calle. En la casa de ella nos turnamos para dormir mi familia y otros familiares de su esposo que también se quedaron en la calle. Por eso yo pensaba que el préstamo ya no contaba señor.

La garra afilada de Marta señaló el nuevo texto del argumentarlo mientras susurraba “que corte el rollo ya”. Abel leyó.
-Don Mario, ya hemos oído su historia en otras ocasiones. Desde el momento en que su caso entró en la vía judicial ya no hay vuelta atrás. Le informo que la Ley Procesal y la Ley de Enjuiciamiento civil solo admiten la posibilidad de frenar un procedimiento judicial en dos casos; que se hayan equivocado en el titular de la deuda y que se pague el importe adeudado más las costas del procedimiento judicial. ¿Me podría decir cuando va a proceder al pago de dicho importe?
“Cuando”, “pago” e “importe”, venían en negrita.

-Señor, ahorita no tengo ni para dar de comer a los hijos. Se lo juro señor...

La mano de Marta señaló la página siguiente donde estaba escrita la lista de amenazas. Don Luis estaba tieso, mirando a Abel con sus ojos grises inexpresivos. Don Ángel cada vez estaba más sonriente y expulsaba aire de forma entrecortada por su nariz farisea, como si se estuviera conteniendo la risa. Abel siguió leyendo, cada vez más nervioso y más vacilante. No quería que sus palabras resultaran hirientes, pero todo lo que leía estaba escrito para herir, para amenazar, para atemorizar, de un modo cansino y reiterativo.

-Tenga en cuenta Don Mario, que su situación debe resolverse lo antes posible, puesto que ya no es posible paralizar la vía judicial ¿No cree que sería mejor adelantar su pago a los próximos 15 días?

-Señor, yo no tengo un peso, se lo juro señor…

Y dale con los pesos, coño, decía Don Ángel, dale con los pesitos de la vaina de la panchada. Y justo le sonó el movil, ¿Sí? Disculpa que llaman de un asunto importante, ¡Hombre Don Fabio! ¡Cuánto tiempo campeón! ¿Si? Que me llamas por lo del aceite de colza ese chino ¿No? Vale, sí, sí, vietnamita, lo que tú digas. Compra, compra Fabio, está clarísimo.


El señor Mario Quispe Huyhua comenzó a hipar. Hacía un esfuerzo enorme para poder expresarse claramente, para que sus palabras sonaran audibles al otro lado del teléfono, pero solo emitía frases entrecortadas y sollozos. Abel sintió la terrible desesperación de su interlocutor clavándose en su pecho en forma de mil agujas, mil agujas envenenadas de tristeza, que algún dios amazónico le disparaba a soplido de cerbatana.

-Yo no tengo a nadie más acá señor. Ni familia ni amigos. Se lo juro. No tengo a nadie acá señor.

Don Ángel, que había terminado su "operación" telefónica, se rió y dijo venga cuéntame otra no te jode ahora el pancho. Abel estaba petrificado. Marta le arrebató el argumentario, pasó las hojas y le señaló la parte final, la opción correspondiente a clientes morosos que se niegan a pagar. Plantó los folios con violencia en la mesa y señaló con el dedo un recuadro escrito completamente en negrita.

Abel leyó, pero esta vez, leyó sin voz, mentalmente, sin pronunciar palabra. Ponía:

Debe saber Dº/Dª… que, a lo largo del procedimiento judicial, se va a embargar preventivamente todos sus bienes así como cualquier otro derecho que posea de cualquier naturaleza susceptible de embargo, salarios, rentas, paro, pensiones etc. Cualquier bien que posea será embargado y vendido o adjudicado por nuestro banco. Teniendo en cuenta estas graves consecuencias ¿No cree que debería realizar un esfuerzo mayor para pagar su deuda?

Abel se sintió incapaz de pronunciar palabra. Oyó a Mario gemir y respirar ansiosamente, sin que el aire llegara nunca al fondo de los pulmones hiperventilados. Luego oyó un ruido seco; Mario Quispe Huyhua había colgado el teléfono. Don Ángel se llevó la mano a la cabeza mientras se reía, como diciendo pero chico, ¿estas agilipollado? Dona Marta le miró con los tendones del cuello en máxima tiesura. Don Luis suspiraba impasible entrecerrando sus ojos grises y siniestros, quizás los únicos en expresar un rastro de pena. ¿Pena por Mario? ¿Por Abel? ¿Por sí mismo?

Era la hora del descanso. El resto de compañeros saló apresuradamente de la oficina. Luego hablamos Abel. Ve al descanso y al volver te espero en mi oficina.
Abel bajó a la calle. El resto de jóvenes trabajadores comentaban la cagada que había cometido delante de los tres supervisores. ¡No empatices! le decía un chico con cara de muñeco de cera y pelo rubio y liso, peinado a un lado como si le hubiera lamido una vaca. No puedes caer en el síndrome de Estocolmo, repetía gangoso y actoral como una vieja aristocrática que regaña a su retoño por su bien. Son nuestras víctimas ¿no te has dado cuenta aún? Si te da pena, no vales para esto, querido.

Durante el tiempo que duró el descanso, los chicos siguieron hablando del trabajo. Alguno, de vez en cuando dejaba escapar la idea de que quizás los bancos también se pasan un poco ¿no? Si, tienes razón los bancos tienen lo suyo. Se han liado a prestar y prestar como locos, a gente que no tenía ni iba a tener nunca dinero para devolverles. Entonces ¿Para qué les prestaban dinero? Pues porque les convenía, coño, porque no les hacían ningún favor, sino que les estafaban. ¿Y cómo es eso de que les convenía? Porque les tenían cogidos por los huevos, ¿porqué va a ser? Chica no sé, no me encocores, la verdad es que es todo muy complicado. Pues que no hubieran pedido prestado, no te digo ahora. Pues si chica, la verdad es que a mí no se me ocurre. Aunque bueno, que no se enteren los encargados, pero yo también debo prestado al banco. Si, si, como te lo digo, es que hace bien poco todo el mundo pedía prestado para la casa, para el coche etc, etc. Y claro no iba a ser yo menos, no te digo. Pues mira tú, que no me lo hubieran prestado. Pero en fin, así es la vida, ahora nos toca a nosotros obligarles a que les devuelvan el dinero y punto.

Es que hay cada sinvergüenza por el mundo, dijo Don Ángel, que se aproximaba por detrás. Mucho sudaca suelto, que si, que si, que te lo digo yo, que han venido aquí en masa y se han creído que nuestro país es Jauja. Y nada de eso señores. ¡Na-da-de-so! Que se enteren de cómo funciona la cosa aquí en Es-pa-ña. Y que conste que yo no soy un facha eh, no tengo nada en contra de los panchitos. Bueno… ni en contra ni a favor. Y todos se reían, claro que sí Don Ángel, repetían todos al unísono. Cuánta razón tienes. Luego algunos ignorantes dicen que la culpa la tienen los bancos ¿no habéis oído ese disparate? ¡Los bancos no tienen la culpa de nada! Los bancos prestan un servicio a este país y hacer circular la economía, coño. La culpa la tiene el maldito gobierno de socialistas ladrones, que os quede claro. ¿O no? Claro que sí, Don Ángel, tiene razón. Pero en fin, así nos va en este país, gobernados por la ETA y acogiendo a todos los sudacas, esto va a convertirse en México DF, lo mejor es irse una temporadita fuera a esperar a que vuelva Don Pelayo ¿No? Y todos reían entusiastas la gracia de Don Ángel. Claro que sí Don Ángel, cuánta razón tiene Don Ángel.

Aquel día Marta reprendió la apatía y la desgana de Abel, pero no en su oficina, sino públicamente, delante de todos sus compañeros. Le dijo literalmente que para estar así, mejor que se fuera a su casa y que si no espabilaba duraría poco en la empresa.

A las diez de la noche Abel salió del trabajo, tomo el metro hasta el centro y desde allí caminó hacía su casa (vivía en un minúsculo piso en Lavapiés cuyo alquiler se comía casi todo su sueldo). En la calle paralela a la que vivía, Doctor Fourquet, uno de los balcones le llamó la atención; había dos sábanas negras. En una había una gran letra A rodeada por un círculo, símbolo del anarquismo juvenil. En la otra había un rótulo en el que se leía 15M, un desahucio, una ocupación. Se quedó parado mirando hacia arriba. Por su cabeza rondó la idea de subir y comentarles el desahucio que iba a sufrir Don Mario Quispe Huyhua, darles sus datos para que le alojaran allí si lo necesitaba. Pensó que quizás podría resarcirse, tras haber colaborado en una desgracia. De pronto salió al balcón un chico de unos diecisiete años con una cresta morada en la cabeza, un porro en los labios y una litrona de cerveza en las manos. Estaba tambaleante.

-Tú que coño miras? le dijo el punki a Abel.
-¿Vives ahí?
-Si, claro ¿Es que estás ciego?
-Ya... ¿A ti te han desahuciado? le preguntó al punki.
-Qué coño me van a desahuciar payaso, si yo vivía con mis viejos.
-¿Entonces que haces viviendo ahí?
-Yo vivo aquí para apoyar la causa, dijo y pegó una honda calada al porro, ¿Algún problema pijo de mierda?
-Hijo de puta, pensó Abel, tú eres un niñato hijo de puta, se repitió alejándose mientras el punki amenazaba con lanzarle la litrona.

Abel llegó a casa confundido. Aquella noche le costó mucho dormirse. Su último pensamiento antes de caer dormido fue la cara imaginaria de Mario Quispe, su rostro, su ropa, su casa, sus hijos, su país natal, repleto de sierras y volcanes, en donde era conocedor de piedras, plantas y remedios naturales, en donde nunca usó prestamos, ni hipotecas, ni intereses moratorios, en donde conocía perfectamente cómo sobrevivir en un entorno hostil. En donde ninguno de nosotros, ni Doña Marta, ni Don Ángel ni Don su puta madre, pensó, duraríamos ni un maldito segundo vivos.

Cuando al fin se quedó dormido, Abel soñó que estaba cruzando un gran río verdoso y espumante a lo largo de un endeble puente de madera. El entorno era selvático y había grandes cataratas como las del Niágara, o más bien las del Iguazú. Por delante y por detrás de él había otras personas, probablemente turistas. De pronto una pareja de ancianos cayó al agua. El señor fue socorrido rápidamente por una barca que casualmente pasaba por allí, o que estaba allí para prevenir posibles accidentes. La anciana sin embargo había caído al agua en un lugar más apartado y chapoteaba para no hundirse. Pero se hundió. Su cuerpo se sumergió en las aguas con una rapidez inusual, como si alguien, ¿el monstruo del pantano? le arrastrara hacia el fondo. En ese momento, sin pensarlo, Abel se tiró al agua de cabeza para socorrerla. Abrió los ojos debajo del agua pero todo se veía verdoso y arenoso como un día de marejada. Costaba distinguir nada, pero tras unos segundos nadando hacia la profundidad, consiguió percibir el cuerpo de la mujer hundiéndose con rapidez más y más hondo. Buceó hacía abajo, acompañándose de amplias brazadas. Empleó toda su energía pero el cuerpo de la anciana se hundía con tal rapidez que nunca lograba alcanzarlo. Se sumergió más y más. Había buceado unos 40 metros de profundidad cuando percibió que no le quedaba más aire en los pulmones. Decidió dar por imposible el rescate y nadar de nuevo hacia arriba para salir, pero sus pulmones estaban al límite y la distancia hasta la superficie era demasiado grande. No podía llegar, se estaba ahogando, no tenía más fuerzas para nadar, necesitaba aire. En el momento en que comenzó a tragar agua se despertó con un fuerte espasmo, sudoroso y con fuertes palpitaciones. Miró el reloj: eran las 4:23, faltaban 2 horas para despertarse. No volvió a pegar ojo.

9 Aug 2011

CRISIS ECONÓMICA Y ECOLÓGICA ¿PODREMOS AFRONTARLO?







Arriba podemos ver la gráfica de Mathis Wackernagel, investigador del Global Footprint Network (California). Fijémonos un segundo en el eje vertical. Se trata del Índice de Desarrollo Humano (IDH) con el que las Naciones Unidas miden las condiciones de vida de los países, teniendo en cuenta la esperanza de vida, el nivel educativo y el PIB per cápita. Se considera que el desarrollo de un país es aceptable si supera un 0´8. Una cifra inferior significaría que dicho país tiene un nivel demasiado elevado de miseria, analfabetismo y mortalidad y que su nivel de vida es inaceptable. El eje horizontal numera la cantidad de planetas Tierra que serían necesarios si todo el mundo viviera al nivel de desarrollo de un país en concreto.

Por ejemplo, si toda la tierra viviera al nivel de vida de un país africano (0,3 de IDH) nos sobraría la mitad de los recursos del planeta, pero obviamente todos pasaríamos hambre. Sin embargo, si el mundo entero se mantuviera al nivel de Inglaterra o de Estados Unidos (0,9), necesitaríamos de 4 a 5 planetas tierra para generar tal bienestar y sustentar a todos y cada uno de los países. En 2008 el profesor Carlos Fernández Liria analizó la gráfica denunciando el excesivo coste ecológico que conlleva el estilo de vida en el primer mundo y apuntando que solo hay un país en la tierra cuyo nivel de vida supera el Índice de Desarrollo Humano (0,8) sin que se necesite consumir un planeta entero; Cuba.[1]

Eso significaría que la isla demonizada por los medios, la llamada dictadura de los Castro es el único modelo económico a imitar si queremos que este planeta se conserve a medio plazo. ¿Significa también que los cubanos que huyen del modelo de consumo responsable buscando un “mundo mejor” deberían replantearse su ética y su moral? ¿Significa que nosotros los primermundistas deberíamos autoflagelarnos por nuestra actitud consumista irresponsable, criminal y suicida?

Muchos son los que optan por la solución individual y se convierten al consumo alternativo con la creencia de que si todo el mundo hiciera lo mismo, las transnacionales se verían obligadas a cambiar. Creemos que por no participar en los hábitos de consumo habituales damos ejemplo al resto y contribuimos a mejorar el mundo en el que vivimos.[2] Susan George, la reconocida politóloga y presidenta de ATTAC , afirma que tales actitudes no solo no son ciertas sino que son incluso perjudiciales para la lucha por el cambio, puesto que convencen a muchos de que actuar de forma individualista es mejor que participar en otros frentes más coherentes y necesarios[3].

Queramos o no queramos, vivimos en una sociedad capitalista y suponer que podemos huir de ella o modificarla practicando individualmente el consumo alternativo es una postura demasiado optimista. Como afirma la presidenta de ATTAC, si hoy se redujera la demanda de carne también se criaría menos ganado y por consiguiente se cultivarían menos cereales, lo cual tendría consecuencias muy negativas para los países pobres. Por supuesto, los posibles ahorros que ello conllevara no se repartirían entre los hambrientos. Además, es tan imposible convencer a los millones de consumidores de hamburguesas de que no las consuman, como convencer a un cubano de que debe quedarse en su isla, comiendo arroz con frijoles y practicando el consumo responsable. Hay que tener muy poca vergüenza para condenar el ansia de vivir “bien” de los pobres y de imitar el modo impune con el que destruimos el planeta.

Que el consumo ecológico no sea efectivo como lucha no significa que haya que aceptar que seamos unos consumidores irresponsables, comedores compulsivos de carne y que malgastemos agua y energía a diestro y siniestro. El consumo ético y el hábito ecológico son muy importantes, aunque no sean la mejor estrategia de lucha para cambiar el sistema. Además, debemos ser conscientes de que un reparto equitativo del mundo conllevaría la imposibilidad de vivir al ritmo que vivimos; cambiando de teléfono móvil cada pocos meses, comprando coches nuevos desde los 18 años, derrochando comida a diario y contaminando el planeta tal y como lo hacemos ahora.

Se calcula que el planeta difícilmente podría sustentar el nivel de consumo del primer mundo para más de 600 millones de personas, pero India y China se desarrollan a una velocidad vertiginosa y entre ambos suman casi 3.000 millones de habitantes. Si ambos países se unen a la órbita de consumo del primer mundo (como parece que están haciendo) es muy probable que la situación llegue al colapso y que no tengamos más remedio que renunciar -no ya voluntariamente sino por obligación- a muchas de las comodidades y lujos a los que nos hemos acostumbrado. Los científicos y los biólogos también lo están advirtiendo; si el mundo sigue el camino de los combustibles fósiles y la pérdida de la biodiversidad, la destrucción del planeta a medio plazo está garantizada [4]. Deberíamos al menos plantearnos algunas preguntas, puesto que la posibilidad de vernos en esa situación es alta: ¿Podríamos conseguir racionar nuestras neveras y reciclar todo lo que consumamos? ¿Podríamos resistir esperando colas de autobús y metro en vez de conducir nuestro coche? ¿Podríamos renunciar a los cachivaches tecnológicos que hoy dominan nuestro día a día y nuestros sueños futuristas? Deberíamos al menos, plantear la posibilidad. ¿Estamos pepradados para esto?

Como señala Justin Podur, el consumo diario de los habitantes de los países ricos es un resultado del sistema desigual, no la causa de la desigualdad. Dicho de otra forma; los pobres no mueren de hambre exactamente porque los ricos consuman, sino porque “los habitantes de ambas regiones están siendo utilizados por un sistema al que no le importan nada sus habitantes”. Si la historia condena a los habitantes de los países ricos, no será por nuestras elecciones de consumo, “sino por no luchar contra las estructuras de dominación y las relaciones de poder que establecen dichas elecciones”[5]. La solución no es criticar a la gente que bebe cocacola y habla con aparatos de última tecnología, sino denunciar a las empresas que organizan su mercadotecnia y su publicidad de modo masivo para propiciar un consumo irresponsable y destructivo con el medio ambiente.[6] Periodistas, investigadores y movimientos de protesta deberían reivindicar un cambio en nuestros métodos de producción y una economía respetuosa con el entorno natural.

Todos estos esfuerzos requieren una acción conjunta y según los expertos, la mejor opción que tenemos es apoyar a dichos movimientos de protesta, que son la vía más eficaz para denunciar los abusos del sistema y hacer presión. Es muy sano y razonable optar por el consumo alternativo, pero al decir de la politóloga de ATTAC, nadie debería sentirse virtuoso por ello, ni esperar que el resto les aplaudamos; “tenemos cosas más importantes que hacer, como luchar de verdad, contra este sistema injusto”.[7] La conciencia ecológica es solo un primer paso para salvar el planeta. Para poder llevar a cabo un objetivo tan importante deberíamos convencer al máximo número de personas y llevar a cabo una acción conjunta de denuncia. Es importante estar bien informados y usar esos conocimientos para denunciar al sistema, localizando a los culpables de esta situación. En el pasado siglo XX, el enemigo era más localizable; se luchaba contra el fascismo o contra la agresión estadounidense en Vietnam. Hoy el enemigo es más difuso y por ello deberíamos más atentos que nunca. El “No al imperialismo” ha dado paso al “suspensión de la deuda” o “abolición del ajuste estructural”, ante los cuales, muchos aún hoy se quedan perplejos. Si todos conociéramos los abusos y las barbaridades cometidas por los mercados (guerras, saqueos, financiación de regímenes criminales etc.) tendríamos motivos de sobra para estar indignados. Todos deberíamos identificar a los responsables del desastre y tener en el punto de mira a organizaciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI); el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio (OMC), el Acuerdo General sobre Comercio de Servicios (AGCS), el G-8 y las transnacionales. Hay que ser conscientes de que en el sistema regido por estas organizaciones, el beneficio es lo único que cuenta. El planeta, la naturaleza y la gente les es indiferente.[8] Capitalismo y ecología son incompatibles y del resultado de esa batalla depende el futuro de la humanidad.

Es prioritario exigir el derecho un reparto más equitativo. Recordemos algunos datos; más de la mitad sur de la Tierra se reparte menos del 1% de la riqueza global, los tres individuos más ricos del planeta poseen una fortuna superior a la de los 48 países más pobres, 3.000 millones de personas (la mitad de la humanidad) consumen agua de mala calidad que genera la muerte a 30.000 personas al día.[9] Las catástrofes asolan el tercer mundo ante la indiferencia de nuestros políticos neoliberales, solo entregados a salvar a los bancos de la crisis. [10]

Tal vez esta crisis no suponga el fin del capitalismo, pero investigadores de la talla de Noam Chomsky, Ignacio Ramonet, Paul Krugman y Joseph Stiglitz (Premio Nobel de economía) anuncian el fin de la era de la economía desregulada, del ultraliberalismo y la globalización financiera. Stiglitz, al que no se puede acusar de izquierdista antisistema (fue asesor económico de Clinton), nos advierte que las políticas de los partidos conservadores de Europa “son una receta para el desastre”[11] y que de seguir este camino España y otros países del sur de Europa podrían sufrir una crisis más grave que la de Argentina en 2001.[12] Si finalmente el colapso ocurre, las consecuencias son impredecibles y a nivel mundial el desastre sería irrecuperable.

¿Estamos preparados para afrontarlo?






[1] http://blogs.publico.es/dominiopublico/267/%C2%BFquien-cabe-en-el-mundo/

[2] Muchos deciden hacerse vegetarianos no por mejorar su salud o ser coherentes con sus creencias, sino para luchar contra el hambre.

[3] Susan George, “Otromundo es possible si”, 2003.

[4] Franz J. Broswimmer, “Ecocidio”, 2005

[5] Justin Podur, “Consumption, complicity and SUV

[6] Los boicots contra las naranjas Outspan sudafricanas o contra Shell por su acción destructora contra el pueblo ogoni de Nigeria y en el Mar del Norte, perjudicaron a la empresa y contribuyeron a poner din al apartheid. (George, p.211).

[7] Susan George, “Otro mundo es possible si”, 2003.

[8] Noam Chomsky, “El beneficio es lo que cuenta”, 2002.

[9] Ignacio Ramonet, “La catástrofe perfecta”. 2009.

[10] En España cuando ocurre el milagro de que el gobierno apoya económicamente a un país pobre (como en el caso de la terrible sequía en Somalia, en el que el Gobierno ha enviado 25 millones de euros) las quejas de los conservadores no se hacen esperar. Las nuevas generaciones del PP alegan literalmente; “En España no cabe un tonto más! Regalamos 25 millones para Africa!”.

[11] http://www.publico.es/dinero/388925/las-politicas-de-los-partidos-conservadores-son-una-receta-para-el-desastre

[12] http://www.cotizalia.com/noticias/stiglitz-espana-podria-afrontar-crisis-argentina-20101003-58958.html