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15 Nov 2012

La dimensión desconocida

El punto entre la frontera y el desierto de Ciudad Juárez es una dimensión crepuscular, desconocida. ‘Huesos en el desierto’, Sergio González Rodríguez

La gente siempre comenta las pesadillas y los trastornos que deben sufrir quienes asisten a un crimen, un atentado o una matanza. No podemos ni imaginar la cantidad de personas que contemplan a diario escenas de ese tipo, ya sea por su oficio (bomberos, enfermeros, policías etc...) o por el lugar donde viven (desde Centroamérica al África subsahariana) y continúan su vida sin más reparo, porque no les queda otro remedio.

Siempre he creído que los fantasmas que acuden a nosotros cuando vemos la muerte son más un mito sacado del imaginario popular que una realidad. Los seres humanos somos mucho más resistentes (e insensibles) de lo que nos creemos. Pero claro, no es lo mismo ver un muerto, que una montaña de muertos, no es lo mismo asistir a un atentado, que vivir expuesto continuamente al horror.

Itinerario del horror

La primera vez que lo vi fue en 1991. Tenía 8 años. Mi madre me acompañaba al colegio cuando un coche explotó por los aires en la acera de enfrente. La onda expansiva casi nos tira al suelo. Cuando el humo cesó, vi a una niña arrastrándose por el suelo con lo que le quedaba de piernas carbonizadas. Era Irene Villa, tenía 12 años. No recuerdo haber visto nada similar hasta mi viaje a Ecuador en 2006, cuando participé en un proyecto de voluntariado con chicos callejeros. Mi primer día allí, en la puerta de la escuela donde iba a vivir, vi a un chico de unos 14 años convulsionar hasta la muerte. Tenía un cuchillo clavado en la sien y echaba espuma por la boca. Durante los meses siguientes en Quito, me atracaron a punta de pistola dos veces y en la selvática frontera colombiana asistí a un tiroteo y una bala perdida destrozó los cristales del autobús donde viajaba. Unos años después, viviendo en México, vi algunos cadáveres en la calle, pero nada comparable a mi experiencia ecuatoriana. Lo peor me sucedió una noche, mientras viajaba con mi novia en una destartalada furgoneta que atravesaba la selva oaxaqueña. Unos asaltadores apedrearon el vehículo para robarnos o secuestrarnos. No lo consiguieron por muy poco. Al año siguiente, viviendo en el Harlem, en pleno Manhattan, oí algún disparo y en Buenos Aires, asistí a alguna pelea a navajazos. Nada serio en realidad.

Ni la selva, ni los guetos, ni los arrabales latinoamericanos… la escena más terrible que he visto en mi vida fue en Madrid, una de las ciudades más seguras que conozco. Fue el 29 de agosto de 2011, el día de mi cumpleaños. Trabajaba en una piscina situada en el Cerro Almodóvar, una montaña árida en medio del páramo vallecano. Es una zona que colinda con el poblado chabolista de Valdemingómez, centro neurálgico del tráfico de droga y sede intocable del clan de los Gordos, una de las banda criminales más peligrosas de la capital, que según la prensa y la policía, ha sido desmantelada una docena de veces. Aquel día salí a correr a las nueve de la mañana y vi un cadáver semi-carbonizado tumbado boca arriba con los brazos y las piernas en posición de retorcerse en el aire, en una postura que congelaba el dolor y desesperación, como aquellos cuerpos calcinados de Pompeya que quedaron súbitamente engullidos por la lava del Vesubio. Tenía una pelota en la boca atada a la cabeza con una cinta.

En dos horas, llegó la policía y el forense, se llevaron el cuerpo y no se supo más del asunto. Nadie hizo preguntas y quien las hizo recibió una respuesta incongruente: el tipo se había suicidado. La policía se negaba a responder y el resto de testigos ponían una mueca de asco, como diciendo: “Coño, déjalo ya ¿no?”. Toda la gente que lo presenció, lo olvidó en el acto. Algunos incluso se pusieron a jugar al fútbol en un campo de tierra aledaño mientras llevaban el cadáver. Caminé por aquel lugar varias veces durante el resto del verano. Solo quedaba un trozo de tierra ennegrecida y restos de ropa chamuscada y ensangrentada. ¿Quién se suicida quemándose a sí mismo con una pelota de goma en la boca?

Aquel día tome conciencia de dos cosas. La primera es que incluso en Madrid ocurren salvajadas que no salen a la luz. Quién sabe cuántas. La segunda es que a mí sí me interesa saber quién hace esto y por qué. Y para averiguarlo, pienso, tendría que haber sido detective de homicidios... o periodista de investigación.

Decidí intentar algo que llevaba rumiando desde siempre: hacerme reportero. Por supuesto que investigar crímenes no era la causa principal de mi deseo. Desde niño he soñado con vivir viajando por el mundo, metiéndome en líos, denunciando injusticias y descubriendo historias fascinantes, primero como Tintín, después como Hemingway y como Orwell. Tenía y tengo en contra ser la persona más despistada, indiscreta y precipitada del mundo. Pero pensé que también tengo cosas a favor: soy callejero, un poco salvaje y bastante intuitivo con la gente (imprescindible para moverse en los bajos fondos). Y me encanta descubrir historias, vivirlas y contarlas.

Desde niño he sentido que la vida es un constante dilema entre la utopía y la cruda realidad. La incertidumbre de la aventura o el aburrimiento de la rutina. El riesgo o la seguridad. Vivir asentado... o como un detective salvaje: sin timón y en el delirio.

Nunca lo he dudado. Siempre que he tenido que tomar decisiones he optado por la aventura y el riesgo que implica adentrarse en una dimensión desconocida. Quizás llegue el momento en el que tenga que decidir en una situación vital que ponga en riesgo mi vida: ¿Salgo corriendo o me quedo y hago lo que tengo que hacer? Quizás me toque vivir una experiencia tan extrema que me lleve por delante. Si esto sucede tampoco tendré el remordimiento de haberme equivocado. Supongo que ciertas personas no tienen alternativa.

20 Dec 2011

Año 2011. Saliendo de las sombras

Oh, the wind, the wind is blowing,
through the graves the wind is blowing,
freedom soon will come;
then we'll come from the shadows.
(The partisan, Leonard Cohen)







14 de julio de 1789; toma de La Bastilla. 2 de mayo de 1808; levantamiento contra la invasión napoleónica. 18 de marzo de 1871; Comuna de París. 25 de octubre de 1917; asalto del Palacio de Invierno. 14 de abril de 1931; proclamación de la Segunda República. 1 de enero de 1959; triunfo revolucionario en La Habana.

Son algunas fechas clave en la historia contemporánea, “La era de las Revoluciones” como la bautizó el gran historiador Eric Hobsbawm. No es ni mucho menos una cronología completa; faltan otras fechas importantes y quizás sobra alguna de consecuencias cuestionables y efímeras. Los días que aquí expongo tienen algo en común; en ellos se produjeron estallidos sociales de carácter popular en los que las masas de indignados salieron a las calles para cambiar la historia. Luchaban por su libertad, por una vida digna y por un sistema político más justo. Por supuesto no lograron ningún objetivo tangible de la noche a la mañana, ni siquiera a lo largo de ese mismo año o de los años sucesivos. Pero pusieron en marcha a la historia, y la historia avanzó para nunca más volver atrás, a pesar de los posteriores fracasos, traiciones y desengaños.

Quedan pocos días para que acabe el año 2011, un año colmado de revueltas, protestas y estallidos sociales y que sin embargo, acaba sin consecuencias fácticas a la vista. La historia, como siempre, se encarga de recordarnos los símbolos y los antecedentes. En nuestra memoria quedará el vendedor ambulante tunecino Mohamed Bouazizi, que el 17 de diciembre de 2010 se inmoló en protesta del Gobierno y dio lugar a un movimiento revolucionario sin precedentes que se extendió como la pólvora a lo largo de 2011 de Túnez a Egipto, a Libia y a toda la región norteafricana y de Oriente Próximo. Ya son cuatro los dictadores derrocados (Ben Ali, Mubarak, Gadafi y Saleh) y otros tantos muy pendientes de los movimientos opositores. Algunos de ellos en jaque como el sirio Bachar Al Asad. Pero la historia ingrata no ha premiado a los revolucionarios, que padecen el vacío institucional en Libia, la incertidumbre de una democracia recién nacida en Túnez y siguen siendo reprimidos de forma inhumana en Egipto y en Siria. Y a pesar de todo, por primera vez en su historia, el mundo árabe tiene la esperanza de salir por fin de las sombras.

En Europa la historia es bien distinta. Han caído los gobiernos de Grecia y de Italia y el de España ha sido vapuleado en las elecciones. La llamada crisis de la deuda se lleva por delante a todos los responsables de gestionarla. Incluso Merkel y Sarkozi llevan las de perder en las próximas elecciones. Los mercados amenazan con quitar de en medio a cualquier gobierno que no sea útil para sus intereses. Y mientras nuestra economía juega a la ruleta rusa, los gobiernos europeos claman contra las tiranías y apoyan a los aguerridos manifestantes árabes (siempre que tengan intereses geoestratégicos en la zona, como no). Apoyan las revueltas lejanas pero ignoran las protestas democráticas y pacifistas que se producen en sus propios países.

El 15 de mayo comenzó en Madrid un movimiento de protesta global que ha marcado un antes y un después en las conciencias de las nuevas generaciones. Estudiantes, trabajadores precarios y desempleados de todas las ideologías se unieron por vez primera bajo la consigna común de una democracia “real” y participativa. Se pedían tres cosas básicamente. Uno, que el gobierno defienda los intereses de los trabajadores frente a los mercados. Dos, que se consulte al ciudadano ante las decisiones políticas transcendentes. Y tres, que haya una representatividad electoral ecuánime para todos los partidos y no solo para los dos más poderosos. La sencillez de esas propuestas irrebatibles ha extendido el movimiento 15M desde Madrid al resto de las ciudades europeas y americanas. El 15 de octubre fue convocada la manifestación más internacional de la historia. 951 ciudades de 82 países convocaron manifestaciones de protesta convirtiendo el movimiento contestatario en una fuerza global.¿Los resultados? Ninguno a la vista. El tiempo dirá.

2011 es un año revolucionario aunque ninguna revolución haya conseguido sus logros. Se acabó la era de Bin Laden y los yihadistas, de la ETA y las narcoguerrillas latinoamericanas. Una nueva fuerza popular, democrática y revolucionaria ha surgido y no se apagará fácilmente. Los pesimistas y los sectareos hablan del 15M en pasado, como si hubiera muerto por culpa de no adoptar un signo ideológico. Los ignorantes, los que nunca supieron ni quisieron saber de lo que se trataba, lo tachan de extrema izquierda y lo asocian al minoritario movimiento okupa para desprestigiarlo y darlo por acabado. Para mí es una fecha, simplemente una fecha que marcó un antes y un después en la conciencia de la gente. Fue la fecha en la que las protestas árabes por fin trascendieron, transitaron y se adaptaron al mundo occidental. La parada obligatoria era España, un país a caballo cultural y geográficamente entre ambos mundos. Madrid o Tunez, Sol o Tahrir, 17 de diciembre o 15 de mayo, qué más da. Muchos insisten en las diferencias que nos separan, yo creo que son más los puntos en común. La clave está en sentirlo como una lucha común, pese a la diferencia de los métodos y de los escenarios. Se lucha por la justicia, por la dignidad y por la democracia.

No hay resultados, pero nada será igual a partir de ahora. Se acabó la tolerancia hacia la desigualdad, la indiferencia hacia la corrupción y la pasividad ante los abusos de políticos y los mercados. “Dormíamos; despertamos” fue el lema más significativo de la Puerta del Sol. La prensa no puede ocultar la importancia de las protestas, hasta la revista Time ha elegido al “manifestante” como personaje del año reconociendo esa nueva energía desconocida que ha resurgido en la historia. Los políticos europeos saben que el horno no está para bollos, las tiranías árabes tiemblan e incluso en Rusia (el último país en despertar, por ahora) los manifestantes pueden poner en jaque la corrupción electoral del gobierno. Si persistimos en nuestro empeño, si como dice la canción de Cohen "el viento sigue soplando"; la libertad llegará. Entonces sí, saldremos de las sombras.

13 Sept 2011

PERIODISMO, INTERNET Y LUCHA SOCIAL: ROMPIENDO TÓPICOS.

Según el adagio británico, el objetivo del periodismo es tan sencillo como salir a la calle, ver lo que pasa y contarlo. Así fue desde el comienzo de los tiempos y así seguirá siendo. Siempre hubo embajadores o corresponsales encargados de contar a la tribu lo que habían visto en su viaje. Contar ha sido la máxima prioridad. En palabras de Amy Goodman, el periodista más que limitarse a informar, debería ir donde está el silencio para dar voz al olvidado y al abandonado. Los medios privados parecen haber olvidado esa pauta imprescindible de ética periodística.

Como todos sabemos, los grandes periódicos se incardinan en el modelo empresarial liberal, son parte del mismo y no lo cuestionarán nunca de forma radical, porque lo necesitan para seguir enriqueciéndose. A partir del momento en que una línea editorial decide defender al sistema empresarial en vez de a la gente, los principios periodísticos comienzan a invertirse paulatinamente. El periodista ya no es esa especie de “guardián de la sociedad que vigila que tal se porta el poder”. En palabras de Iñaki Gabilondo, está pasando a ser lo contrario: un enviado del poder para vigilar a la sociedad. La información empieza a convertirse en propaganda de los distintos grupos de poder empresariales que controlan y vigilan a los medios de comunicación para que estos no cuestionen nada de lo que está establecido.

Teniendo en cuenta esa premisa, estoy en parte de acuerdo con el sentir del sector crítico con los medios y afirmo que deberíamos tratar al periodismo de masas con una postura vigilante. Pero creo que no debemos caer en una actitud despreciativa e infantil renunciando a leer los grandes periódicos. Estos son los que cuentan con los periodistas más preparados y capacitados para llegar a la noticia, comprenderla, comprobarla y contarla de primera mano. Es en los grandes medios donde trabajan los mejores profesionales con conocimientos suficiente para valorar y explicar la información y estos, aunque tienen un margen que no pueden rebasar, no siempre tienen porqué seguir la linea ideológica de la editorial. Además los grandes medios son los únicos que pueden pagar a los corresponsales en el extranjero.

Necesitamos leer periódicos como The New York Times, The Guardian, Le Monde o El País si queremos estar bien informados de lo que pasa hoy, de la inmediatez (si queremos un marco más general necesitamos libros). Pero debemos leerlos de forma crítica. Me explico: debemos ser escépticos ante los temas elegidos por la prensa, los protagonistas de las noticias (muchas veces interesados), la ubicación y la importancia de la noticia, el lenguaje (no pasar por alto los términos peyorativos como “régimen”), la infografía (los cuadros estadísticos poco o nada neutrales), las estrategias audiovisuales (fotografías de políticos riéndose a carcajadas, machaconamente repetidas en la prensa de izquierdas para provocar indignación), la elección de analistas y fuentes de documentación, lo que se omite y no se cuenta y los métodos tramposos de participación a través de encuestas (con preguntas tan poco objetivas como ¿Cree que Chávez debe perpetuarse en el poder?). También deberíamos conocer quienes son los accionistas y los anunciantes del medio (si esas empresas tienen intereses, por ejemplo, en Latinoamérica, deberíamos como mínimo desconfiar de la información referente a política económica latinoamericana). Con todo y con eso, en mi opinión no deberíamos ser tan infantiles como para descartar sistemáticamente a todos los grandes medios por estar avalados por una empresa. Simplemente tenemos que tener presente a donde tiende su línea ideológica, porque todos los medios tienen una. Debemos también ser conscientes -y lo afirma ni más ni menos que Pascual Serrano, creador de la web de izquierda crítica "Rebelión"- que los inventos y las falsedades en la prensa de masas son aún muy poco usuales[1]. En la prensa alternativa de internet y en los blogs son sin embargo, muy frecuentes.

La postura de querer leer un periódico con el que estemos de acuerdo en todo es francamente mediocre. Sería preocupante que eso sucediera. Es importante seleccionar fuentes y autores de confianza, aunque su opinión no sea exactamente la nuestra o su militancia no llegue a nuestras expectativas. No debemos olvidar que un informador debe aportar información datos y cifras, no solo opiniones. Un medio periodístico debe estar avalado por el rigor y la solvencia que esta disciplina debería exigir y garantizar. Nunca podrá ser sustituido por la información que habitualmente encontramos en internet, porque ésta muchas veces no es sometida a un análisis, ni a una verificación rigurosa, ni viene avalada por un profesional que conoce lo que está contando. Sin esas premisas, la información puede ser falsa, estar manipulada o puede que ni siquiera el autor de dicha información la comprenda ni la sepa explicar adecuadamente como sucede en muchos blogs. La eficacia de los internautas convertidos en periodistas es dispar y muchas veces dudosa.

Es necesario saber si la información que nos llega es cierta, quién la envía y para qué la envía. El periodismo nos debería dar ese "filtrado" y esa solvencia, “el sello de garantía del oficio”, tanto para confirmar el origen de una noticia como para verificarla. Uno debe ser consciente de que está leyendo oyendo o viendo prensa de derechas, de centro o de izquierdas[3] pero prensa que cuenta lo que ocurre en el mundo. Con respecto a esto, todos sabemos que hay unos medios mucho más fiables que otros. Y se supone que estos medios garantizan un mínimo; informar sin inventar, sin mentir. Ese mínimo se está perdiendo, pero aún existe en varios periódicos.

Deberíamos tener los pies en la tierra. Tan tonto es quien se cree todo lo que dicen los periódicos como el que cree que todo lo que dicen los medios es mentira y apoya lo contrario por sistema[2]. Afirma Jesus Prieto del medio digital Insurgente, refiriéndose a los internautas críticos con el sistema; “quienes vivimos políticamente en esta burbuja informática que es internet, hemos terminado distorsionando la realidad.” Según Prieto,la realidad virtual y la realidad a secas no son la misma cosa; la izquierda acostumbrada a moverse en su mundo de internet se queda conmocionada cuando sale y comprueba que la realidad es mucho más conservadora. La fantasía y la denuncia de conspiraciones paranoicas están a la orden del día en las webs críticas y alternativas, lo que termina provocando una gran falta de credibilidad ante las verdaderas denuncias. Los comentaristas anónimos del periodismo digital también demuestran que estamos lejos de haber llegado al ideal de objetividad y democratización virtual. Las estadísticas lo corroboran; la mayoría de los comentarios de toda la prensa digital pertenecen a "Trolls"; agitadores conspiranoicos, extremistas, fanáticos y maleducados que se dedican a insultar y a faltar al respeto para crear polémica, lo cual aleja de estos foros a las personas que realmente tendrían algo que decir.

Conclusión, si queremos estar informados, no nos queda otro remedio que leer -entre otras muchas lecturas por supuesto- a los periodistas y especialistas reconocidos que escriben tanto en los grandes periódicos como en algunos medios alternativos serios como Le monde Diplomatique, Rebelión, ATTAC, Insurgente o incluso Diagonal. Debemos vivir en la realidad y ser coherentes, no empeñarnos en vivir la "irrealidad virtual".

De la misma forma, parafraseando a Serrano, si queremos participar en un cambio social real y eficiente debemos centrar nuestros esfuerzos en causas reales y apoyar a los grandes movimientos de protesta, no centrar nuestros esfuerzos en la "lucha por internet". La fascinación por el potencial de difusión de la red puede llevarnos a la parálisis en otros ámbitos humanos de organización y compromiso. Como afirma Serrano, nuestra lucha y nuestra acción delante del teclado no va a tener influencia alguna en la política ni va a lograr un cambio social. No digo que haya que abandonar estas tecnologías, porque son muy útiles para divulgar protestas, pero si hay que trasladar ese esfuerzo a la vida real; “es igual de irrelevante el ermitaño que se retira a la montaña para vivir apartado del mundanal ruido, como el internauta encerrado en su casa que se limita a hacer la revolución en frente de su teclado”[4]. Vivimos un momento crucial en el que tenemos que centrarnos y concentrar nuestros esfuerzos en los frentes que merecen la pena. Serrano, Ramonet, Susan George y muchos otros están haciendo sonar la voz de alarma en contra de la “falsa participación”. La adulación del vegetarianismo, el consumo alternativo y la obsesión por internet distraen a la gente y juegan un papel reaccionario al hacer creer que somos parte de una sociedad movilizada, inmovilizándonos[5].

Si uno se informa correctamente y en profundidad no puede sino indignarse contra los abusos que comete la oligarquía mercantil y sus lacayos políticos. A mí personalmente ya no me enciende leer los repetitivos alegatos antisistema, tan machaconamente repetidos en la prensa alternativa. Me indigna más conocer pormenorizadamente las trampas y los engaños cometidos por los banqueros y mandamases comerciales. Y esa información la encuentro en los grandes periódicos. Aunque estos no lo denuncien.











[1] Pascual Serrano, “El periodismo es noticia”, 2009.

[2] Los diferentes medios alternativos, blogs y foros de grupos de izquierda radical de internet dan la impresión de contar con muchos seguidores, pero los resultados electorales demuestran que no es así.

[3] Es hora de que renunciemos al mito de la objetividad, la imparcialidad y la equidistancia. En el periodismo lo que más importa es la sinceridad, la comprensión y el rigor. Se trata de un oficio intencional; intenta provocar un cambio. Los mejores periodistas (Orwell, Hemingway, Reed, Capa, Wolfe, Capote) siempre hicieron un periodismo intencional. Hoy en día muchos periodistas siguen haciéndolo, aunque sea de forma vocacional en blogs personales, de forma independiente a su labor como reporteros del gran periódico de turno.

[4] Pascual Serrano, “El periodismo es noticia”, 2009.

[5] Según Serrano los ejemplos más insultantes son las páginas webs de recogidas de firmas para todo tipo de campañas; “en nada cambia que firmen esas páginas 1000 personas o 100 mil” solo en el número de visitantes a la página. Debemos tener en cuenta que gran parte de las campañas de recogidas de firmas por internet no tienen ninguna incidencia social. El caótico funcionamiento de la red y la euforia por la movilización virtual nos lleva muchas veces a perder el tiempo con cuestiones que ni siquiera existen. (En una ocasión afirma Serrano, en la web se pedía la redacción de una ley que se había redactado hace un año). No deberíamos abandonar los sistemas tradicionales de participación social, movilización. No nos alejemos de la realidad. Los encuentros, reuniones y actividades sociales con presencia física nunca podrán ser sustituidos por internet. Es aplaudible usar una videoconferencia para debatir con gente que está a cientos de kilómetros. Pero nunca deberíamos abandonar el contacto humano y el activismo social; los actos públicos, las movilizaciones callejeras y la organización política y social. Hoy más que nunca necesitamos dotar de coherencia y de un ideario sólido a los movimientos sociales.

27 Jan 2011

BUENOS AIRES

¿Como sería Madrid
en América Latina?

La primavera es más larga
El aire denso, verdoso
Y palpitante Dulcinea.
Tiene asma el pulmón maldito
Y el sol ilumina más miseria
De la que hay en Pan Bendito.

Pedacito de Europa demasiado al sur.

Si vivieramos aquí
Brindaríamos más
Lameríamos ese caramelo,
Miraríamos el cielo,
La metafísica bañaría la sonrisa
Las nubes, la luna, las estrellas
Doblaríamos la torre de Pisa
Admirando a las más bellas.

Madrid sería Buenos Aires.

A Buenos Aires le falta
Un trozito de malecón habanero
Unos cuantos negros bailando el chan chan
Le falta un mariachi mexicano
Una gotitas de mezcal
Un acento chilango desbocado
Le falta el centro insomne de Madrid
Con su absoluta libertad, mal que pierdan
Los malditos peperos; ande usté a la mierda
A Buenos Aires solo le falta
Un Labordeta que calle a tanto Borges
Y un Nestor Kirchner que encienda
Tanta y lenguaraz pasión porteña.


Por lo demás, Buenos Aires
Es la imaginación.
Es una reunión de rojelios
Un coro de tangueros,
Un debate de bohemíos
Y una charla interminable.
Un mate, una Quilmes y un Fernet
Un Río de la plata que nunca se vé
Una bombacha que se vé siempre
Es un teatro atiborrado de lectores
Una librería inundada de actores
Una plaza de mayo de espíritus
Una revolución, en el aire
Y un suspiro ciclotímico
Es mi ciudad, Buenos Aires.









ATERRIZAJE EN BUENOS AIRES. EL REGRESO DEL IDEALISMO.



Muchos me están preguntando que cómo que me fui de Nueva York, y que cómo de repente en Buenos Aires, que por allí abajo debe estar la cosa mal, que como se vive en Argentina todo este revuelo por la muerte de ese tal Kirchner… Pues bien, escribiré lo más sinceramente que puedo. Lo que he visto en Buenos Aires estos días me ha hecho reflexionar mucho.



Vengo de pasar 6 meses en Estados Unidos, de conocer todos los días gente encantada de ser americanos, orgullosos de su ejército, de su poderío, de vivir en el mejor país del mundo y convencidos como nadie de que el resto somos unos pastores de ovejas ignorantes y desgraciados sin dinero, sin derechos y sin libertad. Esa es la visión directa o indirecta de la población estadounidense; ser los mejores y estar en lo mejor es el único pensamiento capaz de sostener el sistema que han creado. La realidad es que en el primer país del “primer mundo” la gente común tiene menos derechos, menos libertad y menos salud que en el resto del mundo desarrollado. Y si comparamos la salud mental, la felicidad, y el estrés, los Estados Unidos podrían quedar incluso por debajo de muchos países subdesarrollados. Pero en fin, se dirá que esa es una de las interpretaciones y los que me conocen ya saben que soy zurdo de vista, que se le va a hacer.

Así que después de 6 meses trabajando allí, maltratando mi estómago y luchando por no contaminarme mentalmente, por fin, tuve una idea maravillosa. Decidí regresar a América Latina, para no volverme tornillo, para no ser uno más de las millones de tuercas cansadas que se hunden en la rutina global “de casa al trabajo”. Decidí regresar al “tercer mundo” para seguir viviendo experiencias emocionantes, para ver a un pueblo luchando por sus derechos y sus libertades. Y aquí estoy de nuevo en Sudamérica, en el lugar donde palpitan las angustias del mundo como se decía de España en los años treinta. He aterrizado hace pocos días en Buenos Aires ya se me está pegando la pasión de mis compañeros argentinos.

A los pocos días, murió Kirchner, un presidente desconocido para muchos en Europa (y no digamos en USA, donde muchos me preguntaron si Argentina es la capital de Brasil). La mayoría de la gente que “está en el mundo” conoce la imagen que de él da la prensa, un izquierdista autoritario, que reprime a la prensa de su país y se alía con los dictadorzuelos de Chavez y Evo Morales. Otros también habíamos oído que es el presidente que está sacando Argentina de la crisis, que ha denunciado la dictadura militar, que quiere acabar con la corrupción de los empresarios y la clase política y que forma parte del grupo de gobiernos latinoamericanos que se enfrentan a los Estados Unidos planteando una alternativa y reivindicando un giro a la izquierda en el continente.

No conocía mucho más acerca de Kirchner, un presidente mucho más discreto mediáticamente que Chávez, Evo Morales o Lula Da Silva. Yo siempre he tenido claro de qué lado estoy, pero nunca me he dedicado a defender personalmente las grandilocuencias de Chávez, ni los exotismos de Evo y como no soy argentino, tampoco he pensado en hacerme seguidor del peronismo, tan lejano para cualquier mente europea. Pero a una semana de aterrizar en Buenos Aires me veo obligado a informarme y al salir a la calle descubro un pueblo en lucha y una juventud que se agrupa y concentra masívamente en plazas y avenidas reivindicando sus derechos.

El impacto es enorme, más teniendo en cuenta que el ambiente ideológico que he vivido en los últimos años no puede ser más desesperanzador. En mi país el pasotismo impera, y la gente solo reacciona cuando ganamos el mundial. Incluso en estos tiempos de crisis histórica y de abusos por parte del Gobierno y de los mercados, me sorprende ver como tantos españoles se quedan en casa criticando a los huelguistas que se manifiestan (hasta hoy, nadie ha podido explicarme el porqué racionalmente). Y así nos va, los empresarios ladrones provocaron la crisis, y ahora los políticos piden que la paguemos los trabajadores y nosotros aceptamos encantados.

El otro país donde he vivido en los últimos años es México, que es el lugar más maravilloso que he conocido, pero en en el cual la abstracción domina las mentes y parece no haber lugar para la lucha en conjunto. La juventud está tan concienciada contra la violencia y la corrupción como dispersa, falta de rumbo y encerrada en farragosos y confusos discursos. Todo se pierde en un mar de palabras que la mayoría no entiende, en reuniones que no logran ser mayoritarias por culpa del individualismo y la incomprensión. Pero ¿es posible que no exista una alternativa de izquierdas en un país lleno de desigualdades y con mayoría pobre e indígena? Los mexicanos están en contra del gobierno y del narco, pero ¿a quién apoyan? ¿no hay en todo México una política que se oponga al PAN y a los Zetas y que represente una alternativa mínimamente viable? En mi opinión, si el PRD presenta una mínima posibilidad de que cambien las cosas, habría que apoyar dicha alternativa, claro está, en el caso de que de verdad se quieran cambios, sino brindemos todos al ¡Viva la Independencia de 1810! tomemos un “tequilaso” y a otra cosa, mariposa. Como siempre digo, podemos gastar horas, días y semanas en criticar y acusar de insuficiente o de excesivo a Chávez, a Evo y como no, al PRD mexicano. Pero si de verdad queremos un cambio deberíamos apoyar a quienes pueden llevar ese cambio adelante, aun corriendo el riesgo de que luego, tengamos que darles caña. A unos o a otros, es nuestra decisión, pero la vía es siempre irremediablemente la política. Quizás luego aparezca un aprendiz de Robespierre o Stalin, y haya que cortarles las alas, pero sin un 1789 y un 1917 imagínense donde estaríamos.

Porque nos guste o no, los gobiernos son los únicos que va a cambiar las cosas a corto plazo y aunque seamos unos culturetas poco interesados en la política (y entre estos yo me incluyo) no debemos olvidar que el camino que llevamos, o al que nos llevan los que dirigen el mundo, es a convertirnos en las mismas tuercas cansadas, consumistas, resignadas, acomodadas y atolondradas del sistema yanqui. En eso nos quieren convertir los amos del sistema capitalista. Y la única vía de enfrentarse a ellos directamente, es la vía política. La posibilidad de un nuevo Lázaro Cárdenas, un nuevo Jacobo Arbenz, un nuevo Salvador Allende, depende nos guste o no, de la confianza y el apoyo a los actuales candidatos de la izquierda latinoamericana.

Y esto es justamente lo que han entendido los argentinos, que hace apenas 7 años estaban desengañados y habían perdido toda esperanza hacia un cambio por la vía política. Por eso me parece que el mérito mayor de Nestor Kirchner fue devolver el idealismo a la población desencantada. Llámese Peronismo, Kirchnerismo o como quiera que se llame, lo que yo ví con mis propios ojos, fueron multitudes apasionadas; los pobres aindiados, los “negros”, los obreros, los grupos de izquierda, los jóvenes, universitarios y trabajadores codo con codo, dejando de lado las discusiones minoritarias y agrupándose masivamente para defender la única política que había apostado por ellos. Yo fuí un privilegiado por vivir esos momentos y me dejé arrastrar por ese río de gente apasionada derramando lágrimas, y de jovenes dispuestos a cambiar el rumbo de su país. Y hacía mucho tiempo que no sentía algo parecido.

Hoy veo al presidente Zapatero desesperado, dando las gracias al FMI por su “ayuda” contra la crisis, veo a Obama preparándose para lanzar la guerra contra Irán y demostrar de una vez a su pueblo que es un verdadero patriota. Presidentes que prometieron una política progresista y hoy se alían con la derecha, ignoran sus promesas y traicionan a quienes creyeron en ellos. Kirchner no supuso una esperanza como candidato, pero una vez en el poder, cambió las cosas con hechos y se ganó al pueblo argentino. Fue el único gobierno que se enfrentó al FMI, a los bancos y a los empresarios y que dirigió al país a una nueva fase en la que se está consiguiendo avanzar por una vía distinta, verdaderamente latinoamericana.

De Kirchner, los periódicos extranjeros siguen diciendo que fue autoritario, que reprimía a los periodistas, que ansiaba tanto el poder que se alió con Chávez en contra de Estados Unidos y el FMI. Cualquier idiota sabe que precisamente oponerse a los Estados Unidos es la vía difícil para seguir en el poder y que si un gobernante quiere de verdad estar tranquilo, se dedicaría a obedecer a Washington, ya que optar por un camino distinto conlleva la mala prensa y la hostilidad de los amos del mundo, de la prensa y de las multinacionales. El mismo Kirchner lo dijo; cuando un político se lleva muy bien con Estados Unidos, con los bancos y con el FMI es que algo va mal, porque estos nunca van a interesarse por mejorar la situación del pueblo sino por el enriquecimiento propio.

Pero en fin, manipulación mediática a parte, las estadísticas demuestran que en Argentina la pobreza desciende, que el país crece, que la izquierda resurge, que la clase media se afianza... Y yo, aspirante a periodista, solo puedo decir; que les den a los periodistas, que les den a los mercados, que les den a los yanquis. Que viva con ellos quien pueda y que les crea quien quiera.


Yo me quedo en América Latina, yo sé en qué bando estoy.