9 Aug 2011

CRISIS ECONÓMICA Y ECOLÓGICA ¿PODREMOS AFRONTARLO?







Arriba podemos ver la gráfica de Mathis Wackernagel, investigador del Global Footprint Network (California). Fijémonos un segundo en el eje vertical. Se trata del Índice de Desarrollo Humano (IDH) con el que las Naciones Unidas miden las condiciones de vida de los países, teniendo en cuenta la esperanza de vida, el nivel educativo y el PIB per cápita. Se considera que el desarrollo de un país es aceptable si supera un 0´8. Una cifra inferior significaría que dicho país tiene un nivel demasiado elevado de miseria, analfabetismo y mortalidad y que su nivel de vida es inaceptable. El eje horizontal numera la cantidad de planetas Tierra que serían necesarios si todo el mundo viviera al nivel de desarrollo de un país en concreto.

Por ejemplo, si toda la tierra viviera al nivel de vida de un país africano (0,3 de IDH) nos sobraría la mitad de los recursos del planeta, pero obviamente todos pasaríamos hambre. Sin embargo, si el mundo entero se mantuviera al nivel de Inglaterra o de Estados Unidos (0,9), necesitaríamos de 4 a 5 planetas tierra para generar tal bienestar y sustentar a todos y cada uno de los países. En 2008 el profesor Carlos Fernández Liria analizó la gráfica denunciando el excesivo coste ecológico que conlleva el estilo de vida en el primer mundo y apuntando que solo hay un país en la tierra cuyo nivel de vida supera el Índice de Desarrollo Humano (0,8) sin que se necesite consumir un planeta entero; Cuba.[1]

Eso significaría que la isla demonizada por los medios, la llamada dictadura de los Castro es el único modelo económico a imitar si queremos que este planeta se conserve a medio plazo. ¿Significa también que los cubanos que huyen del modelo de consumo responsable buscando un “mundo mejor” deberían replantearse su ética y su moral? ¿Significa que nosotros los primermundistas deberíamos autoflagelarnos por nuestra actitud consumista irresponsable, criminal y suicida?

Muchos son los que optan por la solución individual y se convierten al consumo alternativo con la creencia de que si todo el mundo hiciera lo mismo, las transnacionales se verían obligadas a cambiar. Creemos que por no participar en los hábitos de consumo habituales damos ejemplo al resto y contribuimos a mejorar el mundo en el que vivimos.[2] Susan George, la reconocida politóloga y presidenta de ATTAC , afirma que tales actitudes no solo no son ciertas sino que son incluso perjudiciales para la lucha por el cambio, puesto que convencen a muchos de que actuar de forma individualista es mejor que participar en otros frentes más coherentes y necesarios[3].

Queramos o no queramos, vivimos en una sociedad capitalista y suponer que podemos huir de ella o modificarla practicando individualmente el consumo alternativo es una postura demasiado optimista. Como afirma la presidenta de ATTAC, si hoy se redujera la demanda de carne también se criaría menos ganado y por consiguiente se cultivarían menos cereales, lo cual tendría consecuencias muy negativas para los países pobres. Por supuesto, los posibles ahorros que ello conllevara no se repartirían entre los hambrientos. Además, es tan imposible convencer a los millones de consumidores de hamburguesas de que no las consuman, como convencer a un cubano de que debe quedarse en su isla, comiendo arroz con frijoles y practicando el consumo responsable. Hay que tener muy poca vergüenza para condenar el ansia de vivir “bien” de los pobres y de imitar el modo impune con el que destruimos el planeta.

Que el consumo ecológico no sea efectivo como lucha no significa que haya que aceptar que seamos unos consumidores irresponsables, comedores compulsivos de carne y que malgastemos agua y energía a diestro y siniestro. El consumo ético y el hábito ecológico son muy importantes, aunque no sean la mejor estrategia de lucha para cambiar el sistema. Además, debemos ser conscientes de que un reparto equitativo del mundo conllevaría la imposibilidad de vivir al ritmo que vivimos; cambiando de teléfono móvil cada pocos meses, comprando coches nuevos desde los 18 años, derrochando comida a diario y contaminando el planeta tal y como lo hacemos ahora.

Se calcula que el planeta difícilmente podría sustentar el nivel de consumo del primer mundo para más de 600 millones de personas, pero India y China se desarrollan a una velocidad vertiginosa y entre ambos suman casi 3.000 millones de habitantes. Si ambos países se unen a la órbita de consumo del primer mundo (como parece que están haciendo) es muy probable que la situación llegue al colapso y que no tengamos más remedio que renunciar -no ya voluntariamente sino por obligación- a muchas de las comodidades y lujos a los que nos hemos acostumbrado. Los científicos y los biólogos también lo están advirtiendo; si el mundo sigue el camino de los combustibles fósiles y la pérdida de la biodiversidad, la destrucción del planeta a medio plazo está garantizada [4]. Deberíamos al menos plantearnos algunas preguntas, puesto que la posibilidad de vernos en esa situación es alta: ¿Podríamos conseguir racionar nuestras neveras y reciclar todo lo que consumamos? ¿Podríamos resistir esperando colas de autobús y metro en vez de conducir nuestro coche? ¿Podríamos renunciar a los cachivaches tecnológicos que hoy dominan nuestro día a día y nuestros sueños futuristas? Deberíamos al menos, plantear la posibilidad. ¿Estamos pepradados para esto?

Como señala Justin Podur, el consumo diario de los habitantes de los países ricos es un resultado del sistema desigual, no la causa de la desigualdad. Dicho de otra forma; los pobres no mueren de hambre exactamente porque los ricos consuman, sino porque “los habitantes de ambas regiones están siendo utilizados por un sistema al que no le importan nada sus habitantes”. Si la historia condena a los habitantes de los países ricos, no será por nuestras elecciones de consumo, “sino por no luchar contra las estructuras de dominación y las relaciones de poder que establecen dichas elecciones”[5]. La solución no es criticar a la gente que bebe cocacola y habla con aparatos de última tecnología, sino denunciar a las empresas que organizan su mercadotecnia y su publicidad de modo masivo para propiciar un consumo irresponsable y destructivo con el medio ambiente.[6] Periodistas, investigadores y movimientos de protesta deberían reivindicar un cambio en nuestros métodos de producción y una economía respetuosa con el entorno natural.

Todos estos esfuerzos requieren una acción conjunta y según los expertos, la mejor opción que tenemos es apoyar a dichos movimientos de protesta, que son la vía más eficaz para denunciar los abusos del sistema y hacer presión. Es muy sano y razonable optar por el consumo alternativo, pero al decir de la politóloga de ATTAC, nadie debería sentirse virtuoso por ello, ni esperar que el resto les aplaudamos; “tenemos cosas más importantes que hacer, como luchar de verdad, contra este sistema injusto”.[7] La conciencia ecológica es solo un primer paso para salvar el planeta. Para poder llevar a cabo un objetivo tan importante deberíamos convencer al máximo número de personas y llevar a cabo una acción conjunta de denuncia. Es importante estar bien informados y usar esos conocimientos para denunciar al sistema, localizando a los culpables de esta situación. En el pasado siglo XX, el enemigo era más localizable; se luchaba contra el fascismo o contra la agresión estadounidense en Vietnam. Hoy el enemigo es más difuso y por ello deberíamos más atentos que nunca. El “No al imperialismo” ha dado paso al “suspensión de la deuda” o “abolición del ajuste estructural”, ante los cuales, muchos aún hoy se quedan perplejos. Si todos conociéramos los abusos y las barbaridades cometidas por los mercados (guerras, saqueos, financiación de regímenes criminales etc.) tendríamos motivos de sobra para estar indignados. Todos deberíamos identificar a los responsables del desastre y tener en el punto de mira a organizaciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI); el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio (OMC), el Acuerdo General sobre Comercio de Servicios (AGCS), el G-8 y las transnacionales. Hay que ser conscientes de que en el sistema regido por estas organizaciones, el beneficio es lo único que cuenta. El planeta, la naturaleza y la gente les es indiferente.[8] Capitalismo y ecología son incompatibles y del resultado de esa batalla depende el futuro de la humanidad.

Es prioritario exigir el derecho un reparto más equitativo. Recordemos algunos datos; más de la mitad sur de la Tierra se reparte menos del 1% de la riqueza global, los tres individuos más ricos del planeta poseen una fortuna superior a la de los 48 países más pobres, 3.000 millones de personas (la mitad de la humanidad) consumen agua de mala calidad que genera la muerte a 30.000 personas al día.[9] Las catástrofes asolan el tercer mundo ante la indiferencia de nuestros políticos neoliberales, solo entregados a salvar a los bancos de la crisis. [10]

Tal vez esta crisis no suponga el fin del capitalismo, pero investigadores de la talla de Noam Chomsky, Ignacio Ramonet, Paul Krugman y Joseph Stiglitz (Premio Nobel de economía) anuncian el fin de la era de la economía desregulada, del ultraliberalismo y la globalización financiera. Stiglitz, al que no se puede acusar de izquierdista antisistema (fue asesor económico de Clinton), nos advierte que las políticas de los partidos conservadores de Europa “son una receta para el desastre”[11] y que de seguir este camino España y otros países del sur de Europa podrían sufrir una crisis más grave que la de Argentina en 2001.[12] Si finalmente el colapso ocurre, las consecuencias son impredecibles y a nivel mundial el desastre sería irrecuperable.

¿Estamos preparados para afrontarlo?






[1] http://blogs.publico.es/dominiopublico/267/%C2%BFquien-cabe-en-el-mundo/

[2] Muchos deciden hacerse vegetarianos no por mejorar su salud o ser coherentes con sus creencias, sino para luchar contra el hambre.

[3] Susan George, “Otromundo es possible si”, 2003.

[4] Franz J. Broswimmer, “Ecocidio”, 2005

[5] Justin Podur, “Consumption, complicity and SUV

[6] Los boicots contra las naranjas Outspan sudafricanas o contra Shell por su acción destructora contra el pueblo ogoni de Nigeria y en el Mar del Norte, perjudicaron a la empresa y contribuyeron a poner din al apartheid. (George, p.211).

[7] Susan George, “Otro mundo es possible si”, 2003.

[8] Noam Chomsky, “El beneficio es lo que cuenta”, 2002.

[9] Ignacio Ramonet, “La catástrofe perfecta”. 2009.

[10] En España cuando ocurre el milagro de que el gobierno apoya económicamente a un país pobre (como en el caso de la terrible sequía en Somalia, en el que el Gobierno ha enviado 25 millones de euros) las quejas de los conservadores no se hacen esperar. Las nuevas generaciones del PP alegan literalmente; “En España no cabe un tonto más! Regalamos 25 millones para Africa!”.

[11] http://www.publico.es/dinero/388925/las-politicas-de-los-partidos-conservadores-son-una-receta-para-el-desastre

[12] http://www.cotizalia.com/noticias/stiglitz-espana-podria-afrontar-crisis-argentina-20101003-58958.html

2 comments:

Anonymous said...

creo en el fin de una era del capitalismo, no se en que consiste los referidos, modelo economico cubano,una economia en estado de emergencia,un constructo elaborado y sostenido por los afanes hegemonicos y estrategicos de supepotencias,hoy economia de emergencia, racionamiento, escasez, atraso tecnologico, una economia casi al borde del abismo
y tampoco socialismo cubano, se construyo realmente el socialismo en Cuba?con respecto a las oledas migartorias cubans,la diaspora cubana hay varios causas: economicas, politicas,eminetemente personales y nuestra condicion de insulares. De dictaduras ni hablar...una revolucion con un lider indiscutible, a quien como en 1953,la historia lo absolvera

Javier Molina said...

El término dictadura es el empleado por los medios de comunicación occidentales para referirse a Cuba. Aquí en Europa,la dictadura de los mercados es más dificil de localizar pero me temo que mucho más perjudicial que otros sistemas.